Moisés y la religión monoteísta
Moisés y la religión monoteísta Las circunstancias políticas de Egipto habían comenzado por esta época a influir de manera continua sobre la religión egipcia. Gracias a las gestas guerreras del gran conquistador Tutmosis III, Egipto se había convertido en una potencia mundial, a cuyo Imperio se habían agregado por el sur Nubia, por el norte Palestina, Siria y parte de Mesopotamia. Ahora bien, este imperialismo se reflejó en la religión como universalismo y monoteísmo. Puesto que la tutela del faraón comprendía ahora, además de Egipto, a Nubia y Siria, también la deidad debía abandonar su limitación nacional y, así como el faraón era el amo único y absoluto del mundo conocido por los egipcios, así también debía serlo la nueva deidad de los egipcios. Además, era natural que con la ampliación de los límites del imperio, Egipto se volviera más accesible a las influencias extranjeras; no pocas de las consortes reales eran princesas asiáticas, y es posible que incluso desde Siria penetraran incitaciones directas al monoteísmo.