Psicoanalisis aplicado y Tecnica psicoanalitica
Psicoanalisis aplicado y Tecnica psicoanalitica Esta autoridad y la enorme sugestión de ella emanada nos han sido adversas hasta ahora. Todos nuestros éxitos terapéuticos los hemos logrado en contra de tal sugestión, siendo ya de admirar que en semejantes circunstancias hayan podido alcanzarse resultados positivos. No intentaré describiros los encantos de aquellos tiempos en los que era yo el único representante del psicoanálisis. Los enfermos a los que aseguraba poder procurarles un duradero alivio de sus padecimientos advertían la modestia de mi instalación, pensaban en mi falta de renombre y de títulos honoríficos, y se decían, como ante un jugador arruinado que les ofreciese una martingala infalible, que de ser ciertas mis promesas habría de ser muy otra mi posición. Realmente, no era nada cómodo practicar operaciones psíquicas mientras el colega a quien correspondía la función de ayudante hallaba singular placer en escupir encima de la mesa de operaciones y los parientes del enfermo amenazaban al operador cada vez que saltaba la sangre o hacía el operador algún movimiento brusco. Una operación tiene que provocar necesariamente fenómenos de reacción, y en Cirugía nos hemos habituado ya a ellos hace mucho tiempo. Pero no se prestaba la menor fe a mis afirmaciones, ni siquiera la poca que hoy se presta a las de todos nosotros. En tales condiciones, no es de extrañar que fracasara alguna de mis intervenciones. Para estimar el seguro incremento de nuestras posibilidades terapéuticas una vez que obtengamos la confianza general, habréis de recordar la diferente situación de los ginecólogos de la Europa occidental con respecto a sus colegas de Turquía y de Oriente. Todo lo que el médico puede hacer en estos últimos países es tomar el pulso a la enferma, que le extiende el brazo a través de un agujero practicado en la pared. Naturalmente, el resultado terapéutico corresponde a esta inaccesibilidad del objeto. Nuestros adversarios occidentales pretenden reducirnos a una situación semejante en cuanto a la investigación psíquica de nuestros enfermos. En cambio, desde que la sugestión de la sociedad empuja a las enfermas a la consulta del ginecólogo, se ha convertido éste en el auxiliar favorito de la mujer. No me digáis ahora que si la autoridad de la sociedad viene en nuestro auxilio y aumenta extraordinariamente nuestros éxitos, nada probará en favor de la exactitud de nuestras hipótesis, puesto que la sugestión lo puede supuestamente todo y nuestros éxitos serán entonces resultado suyo y no del psicoanálisis. Habréis de tener en cuenta que la sugestión actúa ahora a favor de los tratamientos hidroterápicos y eléctricos de las enfermedades nerviosas, sin que tales medidas consigan dominar las neurosis. Ya veremos si el tratamiento psicoanalítico alcanza mejores resultados en igualdad de condiciones.