Autobiografía
Autobiografía Soy lo bastante viejo para recordar las llamadas «lecturas literarias a un penique», en las que supuestamente se leía a las clases trabajadoras buena literatura porque ellos no tenían la suficiente educación como para leer por sí solos mal periodismo. De muchacho, o tal vez de niño, pasé una tarde en un lugar curiosamente llamado Progressive Hall, como si el propio edificio no pudiera quedarse quieto y tuviera que avanzar como un autobús por el camino del progreso. Había un presidente de mesa pequeño, con gafas, muy nervioso; un maestro corpulento de mirada intrépida, llamado Ash, que no estaba en absoluto nervioso, y un programa de actuaciones que si no era eminente, era sin duda excelente. Mr. Ash leyó «La carga de la brigada ligera»[86] en tono rimbombante, y la audiencia esperaba ansiosa el cambio a un solo de violín. El presidente explicó azorado que desgraciadamente el señor Robinsoni no podría tocar aquella tarde, pero que Mr. Ash había accedido amablemente a leer «La Reina de mayo». El siguiente número del programa era una canción, probablemente titulada «Suspiros del mar», cantada por Miss Smith acompañada de Miss Brown. Pero ni Miss Smith la cantó ni Miss Brown la acompañó, porque, como el presidente explicó agitadamente, les había sido imposible asistir; sin embargo, nos consolamos al saber que Mr. Ash había accedido amablemente a leer «El señor de Burleigh»[87]. En aquel momento, sucedió algo extraordinario en cualquier época y para cualquiera que conozca la paciencia y consideración de los ingleses pobres, pero todavía más asombroso si pensamos en lo poco sofisticados que eran los pobres de aquellos lejanos tiempos. Un tipo enorme de rostro sencillo y saludable, yesero de profesión, se levantó lentamente en medio de la sala, como un enorme leviatán que emergiera del océano, y exclamó en un tono tan atronador como el de Mr. Ash, aunque mucho más cordial y humano: «Bueno, hasta aquí hemos llegao. Muy buenas noches, Mr. Ash; buenas noches, damas y caballeros». Y haciendo una señal de bendición universal, se abrió paso y salió del Progressive Hall con un aire natural de absoluta amabilidad y profundo alivio.