La sabiduría del padre Brown
La sabiduría del padre Brown –Ahora sé -replicó el sacerdote- la profesión de Mr. Todhunter.
A continuación, se dedicó a revolver las cosas de la habitación, observó detenidamente todos los objetos con lo que parecía una actitud ausente que, invariablemente, se tornaba en una sonrisa igualmente ausente, un proceso extremadamente irritante para aquellos que lo estaban mirando. Se rió mucho del sombrero, aún más ruidosamente del vaso roto, pero la sangre en la daga le hizo sufrir ataques de risa convulsa. Luego regresó a donde estaba el colérico especialista.
–¡Dr. Hood -exclamó con entusiasmo-, usted es un gran poeta!. Ha creado a un ser de la nada. Eso es un acto mucho más divino que eso de restringirse a los hechos. Cierto, en comparación los hechos son más bien vulgares y cómicos.
–No tengo ni idea de lo que usted está hablando -dijo el doctor Hood con altivez-, todos los hechos que yo he formulado son inevitables, aunque necesariamente incompletos. Tal vez se deba permitir algo de espacio a la intuición -o a la poesía, si usted prefiere este término-, pero sólo porque los detalles correspondientes, como ocurre en este caso, no se pueden deducir. En la ausencia de Mr. Glass…