La sabidurÃa del padre Brown
La sabidurÃa del padre Brown En el padre Brown habÃa dos personalidades. Una de ellas era el hombre de acción, tan modesto como una prÃmula y tan puntual como un reloj, que cumplÃa sus deberes y que jamás soñó con alterarlos. Pero también era un hombre de reflexión, más simple aunque más fuerte, a quien no se podÃa detener fácilmente, cuyo pensamiento era siempre un pensamiento libre (sólo en el sentido más inteligente de la palabra). No podÃa evitar, incluso inconscientemente, preguntarse todas las preguntas y responder a todas las que podÃa; todo eso era tan natural para él como su circulación o su respiración. Pero jamás amplió, conciente de ello, la esfera de sus acciones más allá de lo que consideraba su deber, y en este caso las dos actitudes fueron sometidas a prueba. Asique estaba a punto de reanudar su camino en la penumbra, diciéndose que ese asunto no le incumbÃa, pero al mismo tiempo analizaba las veinte teorÃas que podÃan explicar esos extraños ruidos. Poco después, el horizonte gris se tornó brillante y plateado, y con la luz se dio cuenta de que habÃa estado ante una casa que habÃa pertenecido a un comandante angloindio llamado Putnam, y que el comandante habÃa tenido un cocinero nativo de Malta de su misma confesión. Recordó que los disparos suelen ser a veces asuntos serios, acompañados de consecuencias que son legÃtimamente de su jurisdicción. Regresó y entró por la puerta del jardÃn, dirigiéndose hacia la entrada principal.