Cien años de soledad
Cien años de soledad José Arcadio la miró, confundido, pero el magnetismo de Pilar era tan fuerte como los lingotes de Melquíades. Aquella noche se encontraron en secreto, y lo que comenzó como una pasión ardiente terminó con una revelación: Pilar estaba embarazada. Pero cuando ella le dio la noticia, el joven no encontró el valor para enfrentar su responsabilidad. José Arcadio huyó, dejando a Pilar con un hijo en el vientre y un silencio que resonó como un eco en la casa de los Buendía.
Por otro lado, Aureliano, el segundo hijo de Úrsula, era un alma solitaria, de mirada distante y una curiosidad que lo llevaba a lugares invisibles para los demás. Un día, mientras exploraba el laboratorio de su padre, encontró un cofre polvoriento lleno de pergaminos. En su interior, las escrituras de Melquíades hablaban de un conocimiento perdido, de secretos que esperaban ser descubiertos. Aureliano se obsesionó con esos textos.
—Padre, ¿qué significa todo esto? —preguntó una noche, extendiendo los pergaminos sobre la mesa. —Significa que el tiempo no es lo que parece —respondió José Arcadio Buendía, con una chispa de locura en los ojos—. Y que nosotros estamos destinados a descifrarlo.
