Historias inconscientes
Historias inconscientes Ana entró al consultorio con una mirada febril, los ojos brillando con una intensidad que no dejaba espacio para dudas: algo en ella estaba al borde del descontrol. Apenas se sentó, comenzó a hablar, como si las palabras fueran una presa rota que llevaba tiempo conteniéndose. "No sé qué me pasa. Siento que estoy perdiendo la cabeza. Lo amo, pero esto no es normal, ¿verdad?"
Su relato, fragmentado pero intenso, giraba en torno a Martín, un hombre con quien había mantenido una relación intermitente durante años. "Es como si fuera una droga", dijo, apretando las manos sobre sus rodillas. "Cuando estoy con él, todo tiene sentido. Pero cuando se va, me quedo vacía, rota. No puedo pensar en nada más. Solo en cuándo volverá". Su voz, cargada de angustia, se quebró al mencionar las ausencias de Martín, esas desapariciones súbitas que la dejaban perdida en un laberinto de inseguridades y dudas.
"¿Qué sientes cuando no está?", pregunté, intentando que Ana explorara esa parte de su experiencia. "Siento que me muero", respondió, sin titubear. "Es como si me arrancaran algo esencial. No puedo dormir, no puedo comer. Me paso horas revisando mi teléfono, esperando un mensaje, algo... cualquier cosa que me diga que todavía piensa en mí".