La soledad
La soledad En la soledad habita la transformación. No como un proceso mágico, sino como un ejercicio honesto. Escuchar lo que duele, lo que falta, lo que aún arde. Y desde ahí, reconstruirse. No para dejar de estar solo, sino para que esa soledad no sea una cárcel, sino una casa propia. Un lugar desde donde compartir con otros, no por necesidad, sino por elección.
Sin celular, sin música, sin estímulos. Solo vos y tus pensamientos. Observá qué aparece sin juzgarlo.
A alguien que ya no está, o a quien sentís que te abandonó. Decile todo lo que no pudiste decir. Luego, guardala o quemala.
Preguntate: ¿con quiénes estás solo para no estar solo? ¿Quiénes realmente te ven? Empezá a diferenciar compañía de evasión.
Armá un rincón o ritual diario donde estar a solas se sienta como cuidado personal, no como exilio.