La zapatera prodigiosa
La zapatera prodigiosa Cállate, larga de lengua, penacho de catalineta, que si yo lo he hecho… si yo lo he hecho, ha sido por mi propio gusto… Si no te metes dentro de tu casa lo hubiera arrastrado, viborilla empolvada; y esto lo digo para que me oigan todas las que están detrás de las ventanas. Que más vale estar casada con un viejo, que con un tuerto, como tú estás. Y no quiero más conversación, ni contigo ni con nadie, ni con nadie, ni con nadie. (Entra dando un fuerte portazo.) Ya sabÃa yo que con esta clase de gente no se podÃa hablar ni un segundo… pero la culpa la tengo yo, yo y yo… que debà estarme en mi casa con… casi no quiero creerlo, con mi marido. Quién me hubiera dicho a mÃ, rubia con los ojos negros, que hay que ver el mérito que esto tiene, con este talle y estos colores tan hermosÃsimos, que me iba a ver casada con… me tirarÃa del pelo. (Llora. Llaman a la puerta.) ¿Quién es? (No responden y llaman otra vez.) ¿Quién es? (Enfurecida.)
ESCENA II
La Zapatera y el Niño.
NIÑO:
(Temerosamente.) Gente de paz.
ZAPATERA:
(Abriendo.) ¿Eres tú? (Melosa y conmovida.)
NIÑO:
SÃ, señora Zapaterita. ¿Estaba usted llorando?
ZAPATERA:
