Yerma
Yerma YERMA. (Casi ahogada.) No..., no son para mí. Son para el hijo de María VÍCTOR Bueno, pues a ver si con el ejemplo te animas. En esta casa hace falta un niño.
YERMA . (Con angustia.) Hace falta.
VÍCTOR Pues adelante. Dile a tu marido que piense menos en el trabajo. Quiere juntar dinero y lo juntará, pero ¿a quién lo va a dejar cuando se muera? Yo me voy con las ovejas. Le dices a Juan que recoja las dos que me compró. Y en cuanto a lo otro..., ¡que ahonde! (Se va sonriente.)
YERMA. (Con pasión.) Eso; ¡que ahonde!
(Yerma, que en actitud pensativa se levanta y acude al sitio donde ha estado Viacute;ctor y respira fuertemente como si aspirara aire de montaña, después va al otro lado de la habitación, como buscando algo, y de allí vuelve a sentarse y coge otra vez la costura. Comienza a coser y queda con los ojos fijos en un punto.) TELÓN.