Yerma
Yerma MUCHACHA I. Por todas partes nos vamos encontrando gente.
YERMA. Con las faenas, los hombres están en los olivos, hay que traerles de comer.
No quedan en las casas más que los ancianos.
MUCHACHA 2. ¿Tú regresas al pueblo?
YERMA. Hacia allá voy.
MUCHACHA I Yo llevo mucha prisa. Me dejé al niño dormido y no hay nadie en casa.
YERMA. Pues aligera, mujer. Los niños no se pueden dejar solos. ¿Hay cerdos en tu casa?
MUCHACHA I No. Pero tienes razón. Voy deprisa.
YERMA. Anda. Así pasan las cosas. Seguramente lo has dejado encerrado.
MUCHACHA I. Es natural.
YERMA. Sí, pero es que no os dais cuenta lo que es un niño pequeño. La causa que nos parece más inofensiva puede acabar con él. Una agujita, un sorbo de agua.
MUCHACHA I Tienes razón. Voy corriendo. Es que no me doy bien cuenta de las cosas.
YERMA. Anda.
MUCHACHA 2. Si tuvieras cuatro o cinco, no hablarías así.
YERMA. ¿Por qué? Aunque tuviera cuarenta
MUCHACHA 2. De todos modos, tú y yo, con no tenerlos, vivimos más tranquilas.
YERMA. Yo, no.