Cranford
Cranford PÁNICO
Recuerdo una serie de acontecimientos que se sucedieron a partir de la visita del signor Brunoni a Cranford y que en nuestras mentes relacionábamos con él aunque no creo que tuviera nada que ver con los hechos. De repente empezaron a correr toda clase de rumores por la ciudad. Hubo un par de robos, de robos auténticos bona fide; habían juzgado y procesado a varios hombres y esto nos había llenado de temor a que nos robaran. Recuerdo que durante mucho tiempo en casa de la señorita Matty estuvimos haciendo una ronda por cocinas y sótanos cada noche, ella delante, armada con el atizador, yo detrás, con la escobilla de la chimenea, y Martha llevando la pala y las tenazas, dispuesta a dar la alarma; a veces chocaban accidentalmente y nos asustábamos tanto que corríamos a encerrarnos las tres en la cocina de atrás, en la despensa o lo que tuviéramos más cerca, hasta que se nos iba el miedo, nos recuperábamos y volvíamos a salir con renovado valor. Durante el día los tenderos y los campesinos nos contaban extrañas historias de carros que en lo más oscuro de la noche, tirados por caballos herrados con fieltro y guardados por hombres vestidos de oscuro, circulaban por la ciudad buscando, sin duda, una casa sin vigilancia o una puerta sin cerrar.
