Cranford

Cranford

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Igual que muchos que consideran haber pronunciado un discurso grave y sarcástico, cuando en realidad era ingenioso, en ella empezó a ceder su acritud desde el momento que hizo la alusión a la consulta. Nos pusimos a conjeturar cómo recibiría la señora Jamieson la noticia. ¡Tenía un pretendiente la persona que había dejado al cargo de su casa para que mantuviera alejados a los galanteadores de sus criadas! Y aquel pretendiente era un hombre a quien la señora Jamieson había proscrito por vulgar e inaceptable en la buena sociedad de Cranford, no sólo por su apellido, sino también por su voz, su aspecto, sus botas que apestaban a establo y él mismo que olía a medicinas. ¿Habría ido a casa de la señora Jamieson para visitar a lady Glenmire? Si así era, ni el cloruro de cal bastaría para purificar la casa en opinión de su dueña. ¿O acaso su relación se había limitado a los encuentros casuales en el cuarto del pobre mago enfermo, con quien, a pesar de nuestra interpretación de la mésalliance[31], no podíamos negar que ambos habían sido extraordinariamente bondadosos? Y ahora resultaba que una sirvienta de la señora Jamieson había estado enferma y el señor Hoggins la había visitado durante varias semanas. El lobo se había metido en el redil, después de todo, y ahora se llevaba a la pastora. ¿Qué diría la señora Jamieson? Contemplábamos la oscuridad del futuro como un niño que sigue con la mirada el cohete que se eleva hacia el cielo nublado, y espera ilusionado el petardeo, la explosión, la lluvia brillante de chispas y luz. Después devolvimos la mirada a la tierra y al momento presente para interrogarnos mutuamente (puesto que todas éramos igualmente ignorantes y carecíamos de los mínimos datos para extraer alguna conclusión): ¿Cuándo tendría lugar AQUELLO? ¿Dónde? ¿Cuánto ganaba el señor Hoggins por año? ¿Renunciaría ella a su título? ¿Cómo se las arreglarían Martha y las otras sirvientas de Cranford, tan correctas, para anunciar un matrimonio como el formado por lady Glenmire y el señor Hoggins? ¿Recibirían visitas? ¿Nos lo permitiría la señora Jamieson? ¿O acaso deberíamos escoger entre la honorable señora Jamieson y la degradada lady Glenmire? Todas preferíamos a esta última porque era inteligente, bondadosa, sociable y afectuosa; y la señora Jamieson aburrida, apática, pedante y pesada. No obstante, durante tanto tiempo habíamos reconocido el dominio de esta que pensar siquiera en desobedecer la prohibición nos parecía una deslealtad.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker