Cranford
Cranford Cuando regresé a casa de la señorita Matty, empecé a pensar que tal vez el señor Peter pensara en la señora Jamieson como esposa y la idea me disgustaba tanto como a la señorita Pole. El señor Peter llevaba en la mano la prueba de imprenta de un inmenso cartel que rezaba: «El signor Brunoni, mago del reino de Delhi, del rajá de Oude y del gran lama del Tíbet, etc., etc., iba a ofrecer una única representación en Cranford» la noche siguiente; y la señorita Matty, exultante de alegría, me enseñó una carta de los Gordon prometiendo asistir a tan gozoso acontecimiento que, según decía la señorita Matty, era enteramente obra de Peter. Había escrito al signor para invitarle, y él correría con todos los gastos. Se mandarían entradas gratuitas a tanta gente como cupiera en la sala. En una palabra, la señorita Matty estaba encantada con el plan y decía que al día siguiente Cranford le recordaría el Preston Guild, donde había acudido en su juventud. Un almuerzo en el George, con el querido matrimonio Gordon, y por la noche el sxzignor en la sala de actos. Yo sólo veía, sin embargo, las palabras fatídicas:
«Bajo el patrocinio de la HONORABLE SEÑORA JAMIESON».