Cranford
Cranford VISITA A UN VIEJO SOLTERÓN
A los pocos días llegó una nota del señor Holbrook invitándonos (imparcialmente a las dos), con estilo formal y anticuado, a pasar un día en su casa, un largo día de junio, pues en ese mes estábamos entonces. Mencionaba que había invitado también a su prima, la señorita Pole, de modo que podíamos ir juntas en un calesín que nos llevaría hasta su casa.
Esperaba que la señorita Matty aceptara sin dudar la invitación, mas no fue así. A la señorita Pole y a mí nos costó lo indecible convencerla. Lo consideraba indecoroso y casi se enfadó porque no veíamos ninguna incorrección en el hecho de que visitase a un antiguo enamorado acompañada de otras dos señoras. Se presentó, sin embargo, una nueva dificultad aún más seria: opinaba que Deborah no habría aprobado la visita. Nos costó medio día de arduas conversaciones, pero al primer indicio de ablandamiento cogí la oportunidad al vuelo y escribí y envié una nota en su nombre fijando el día y la hora para que todo quedara decidido y acabado. Al día siguiente me pidió que la acompañara a la tienda y allí, tras muchas vacilaciones, nos decantamos por tres gorras y pedimos que nos las llevasen a casa para probárnoslas y elegir las más adecuadas para el jueves.
