Cuentos goticos
Cuentos goticos —Sà —dijo una de sus hijas—. ¿Y te acuerdas de lo que nos contó Hannah Benson, madre? Su marido habÃa talado todos los árboles que habÃa cerca de su casa en Deerbrook para que no se pudiera acercar nadie sin ser visto. Y un dÃa, al oscurecer, estaba en vela (toda la familia se habÃa acostado, y su marido habÃa ido a Plymouth por negocios), y vio un tronco del bosque, como el de un árbol talado, en la sombra sin darle mayor importancia, hasta que volvió a mirar al poco rato y le pareció que estaba más cerca y casi se muere de miedo, pero no se atrevió a moverse. Cerró los ojos y contó hasta cien; y, cuando volvió a mirar, habÃa oscurecido más, pero aun asà vio que el tronco se habÃa acercado; entonces entró corriendo en la casa, atrancó la puerta y subió a avisar a su hijo mayor. Era Elijah, que tenÃa casi dieciséis años. Pero se levantó en seguida y bajó la escopeta larga de su padre y la cargó y pidió por primera vez a Dios que guiara su punterÃa y se acercó a la ventana para ver dónde estaba el tronco y disparó. No se atrevieron a mirar lo que habÃa pasado. Pasaron la noche leyendo las Escrituras y rezando, y cuando amaneció vieron un largo rastro de sangre en la hierba junto al tronco, que a plena luz del dÃa no era un tronco sino un indio cubierto de corteza y pintado hábilmente, con el cuchillo de guerra al costado.