Cuentos goticos
Cuentos goticos El pavor a las brujas y la agitación contra la brujerÃa crecieron con escalofriante rapidez fuera de los muros de la prisión. Acusaron a muchas mujeres (y a muchos hombres también) sin tener en cuenta su condición ni su carácter. Por otro lado, se cree que más de cincuenta personas se vieron gravemente trastornadas por el demonio y por aquellos a quienes habÃa transmitido su poder mediante consideraciones viles y malignas. Nadie puede saber ahora cuánto rencor, claro e inconfundible rencor personal, se mezclaba con estas acusaciones. Las siniestras estadÃsticas de la época nos indican que cincuenta y cinco personas se salvaron confesándose culpables, ciento cincuenta fueron encarceladas, más de doscientas acusadas y más de veinte ejecutadas, entre las que se contaba el ministro al que he llamado Nolan, a quien se ha considerado tradicionalmente vÃctima del odio de su compañero, el otro pastor de la parroquia. Un anciano que menospreció la acusación y se negó a defenderse en el juicio, fue condenado a morir en el suplicio, conforme a la ley, por su contumacia. Y más aún, acusaron de brujerÃa incluso a los perros, sometiéndolos a los castigos legales: figuran entre los sujetos de la pena capital. Un joven encontró el medio de que su madre huyera del confinamiento, escapó con ella a caballo y la escondió en Blueberry Swamp, no muy lejos del arroyo de Taplay, en el Great Pasture; la escondió en un wigwam que construyó como alojamiento, proveyéndola de alimentos y ropa y consolándola y ayudándola hasta que pasó el delirio. La pobre tuvo que sufrir muchÃsimo, sin embargo, pues se fracturó un brazo en el esfuerzo casi desesperado de escapar de la prisión.