Cuentos goticos
Cuentos goticos Muchos años después, el capitán Holdernesse fue a verle para comunicarle cierta noticia que creía que interesaría al serio molinero de la ribera del Avon. Le contó que el año anterior (estaban en 1713) se había decidido, en piadosa asamblea sacramental de la iglesia, borrar y olvidar la sentencia de excomunión contra las brujas; que quienes se congregaron para ese fin «pidieron humildemente a Dios misericordioso el perdón de cualquier pecado, error o equivocación que se hubiese cometido en la aplicación de la justicia, por mediación de nuestro misericordioso sumo sacerdote, que sabe compadecerse de los ignorantes y de los descarriados». Le contó también que Prudence Hickson (que era ya una mujer adulta) había hecho una conmovedora declaración de pesar y arrepentimiento ante toda la iglesia, por el testimonio falso y erróneo que había prestado en varios casos, entre los que mencionó en particular el de su prima Lois Barclay. A todo esto, Hugh Lucy sólo respondió:
—Por mucho que se arrepientan, ella no resucitará.
El capitán Holdernesse sacó entonces un documento y leyó la siguiente declaración humilde y solemne de arrepentimiento de quienes la firmaban, entre ellos, Grace Hickson: