Cuentos goticos
Cuentos goticos —¡Ah! —dijo él, cambiando de gesto—, la tÃa Anna tuvo una historia triste. Y todo por culpa de uno de esos franceses diabólicos. Y su hija pagó las consecuencias, la prima Úrsula, como la llamábamos todos cuando yo era pequeño. La buena prima Úrsula era hija de él también, claro. Los pecados de los padres los pagan los hijos[40]. ¿A la señora le gustarÃa saber toda la historia? Bueno, hay papeles, una especie de justificación que mi tÃa Anna escribió para poner fin al compromiso de su hija, o mejor dicho, hechos que reveló que impidieron que la prima Úrsula se casara con el hombre al que amaba. Y no volvió a tener ningún compañero, a pesar de que le oà decir a mi padre que a él le hubiese alegrado hacerla su esposa. —Mientras hablaba, hurgaba en el cajón de un escritorio antiguo; se dio la vuelta con un fajo de manuscritos amarillentos en la mano, que le entregó a mi amiga, diciendo—: Lléveselos, lléveselos, y si quiere descifrar nuestra enrevesada caligrafÃa alemana puede quedárselos el tiempo que sea y leerlos cuando pueda. Pero tiene que devolvérmelos cuando termine, nada más.