Hijas y esposas

Hijas y esposas

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XX

UN día, ante la infinita sorpresa de Molly, se anunció la visita del señor Preston, mientras estaba con la señora Gibson en el salón; Cynthia había ido de compras al pueblo. La puerta se abrió, se anunció el nombre y entró el joven. Su aparición pareció causar más perplejidad de la que Molly podía esperar. Entró con el mismo aire de suficiencia con el que las había recibido en la mansión de Ashcombe. Se le veía de lo más apuesto con su traje de montar, con los colores de quien acaba de hacer ejercicio al aire libre. Pero las cejas de la señora Gibson se contrajeron levemente al verle, y le hizo un recibimiento mucho más frío de lo que era habitual en ella. Sin embargo, se la vio un tanto agitada, lo que sorprendió a Molly. La señora Gibson trabajaba en su sempiterno tambor de costura cuando llegó el señor Preston; pero cuando se levantó para recibirle se le cayó el cesto de hilos y agujas, y, rechazando la ayuda de Molly, recogió personalmente todos los carretes antes de pedirle al visitante que tomara asiento. Y así hubo éste de esperar de pie, sombrero en mano, fingiendo un interés por la recuperación de los objetos de costura que Molly estaba segura de que era falso, pues no dejaba de recorrer el salón con la mirada, sin perder detalle de todo lo que en él había.

Por fin se sentaron y comenzó la conversación.


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