Hijas y esposas
Hijas y esposas —Pobre señora Hamley —dijo en voz muy baja, como para sà misma. Cynthia la cogió de su mano, compadeciéndose de su triste y tierna expresión, y no porque entendiera lo que le pasaba por la cabeza, pues ni la propia Molly acababa de comprenderlo. Una muerte a destiempo; la incógnita de si los muertos sabÃan lo que ocurrÃa en la tierra: el fracaso de Osborne, el éxito de Roger, la vanidad de los deseos humanos, todos esos pensamientos, y lo que sugerÃan, se mezclaba de manera inextricable en su cabeza. Al cabo de unos minutos salió de su ensimismamiento. El señor Preston estaba diciendo todas las cosas desagradables que se le ocurrÃan acerca de los Hamley en un tono de falsa compasión.