Hijas y esposas
Hijas y esposas —No se preocupe, lo conseguiré. Al principio unas cien libras. Aún no sé cómo, pero recuerde, padre, que quedé el primero en matemáticas, y esa reseña me consideraba «un joven escritor muy prometedor». Oh, no sabe qué gran hombre tiene por hijo. Tendría que haber leído esa reseña para conocer todos mis maravillosos méritos.
—La leí, Roger. Oí cómo el señor Gibson hablaba de ella, e hice que me consiguiera la publicación. La habría comprendido mejor si en la reseña hubiesen llamado a los animales por sus nombres ingleses, en lugar de escribir con tanta jerga francesa.
—Pero era una respuesta a un artículo escrito por un escritor francés —alegó Roger.