Hijas y esposas
Hijas y esposas —Entonces es el señor Roger Hamley —dijo Cynthia—, y ahora está en Londres por algún asunto. ¡Qué noticia para Molly cuando vuelva a casa!
—Bueno, ¿y que tiene que ver Molly en todo esto? —preguntó lady Harriet—. ¿Acaso…? —Y clavó los ojos en la señora Gibson a la espera de una respuesta. La señora Gibson replicó con una expresiva mirada a Cynthia, la cual, sin embargo, no la percibió.
—¡Oh no! Nada de eso. —Y la señora Gibson señaló levemente con la cabeza a su hija, como diciendo: «Si es alguna de las dos, es ella».
Lady Harriet se puso a mirar a la hermosa señorita Kirkpatrick con renovado interés; su hermano habÃa hablado tan elogiosamente del joven señor Hamley que todo lo relacionado con ese Fénix era digno de observación. A continuación, como si la mención del nombre de Molly le hubiera traÃdo algo a la memoria, dijo:
—¿Y dónde está Molly? Me gustarÃa ver a mi pequeña mentora. Me han dicho que está hecha una mujer.
—Oh, en cuanto se pone a chismorrear con las señoritas Browning, se le pasa la hora de volver a casa —dijo la señora Gibson.
—¿Las señoritas Browning? ¡Oh, me alegro! Me caen muy bien. Pecksy y Flapsy; puedo llamarlas asÃ, ahora que no está Molly. Pasaré a verlas antes de volver a casa, y asà a lo mejor me encuentro con mi querida Molly. ¿Sabes, Clare?, le he cogido cariño a esa chica.