Hijas y esposas
Hijas y esposas ERA por la tarde. Molly había salido a pasear. La señora Gibson estaba de visita. La perezosa Cynthia se había negado a acompañarla. Dar un paseo no era para ella una necesidad como sí lo era para Molly. Cuando el día era hermoso, o si tenía un objetivo agradable, o cuando le daba por ahí, podía ir tan lejos como cualquiera, pero sólo en casos excepcionales; por lo general, se mostraba poco dispuesta a apartarse de su ocupaciones caseras. De hecho, ni Molly ni su madre habrían salido de casa de haber sabido que Roger estaba en el pueblo; pues ambas sabían que pasaría por casa antes de emprender el viaje; y que no estaría mucho tiempo de visita, y deseaban despedirse de él antes de esa larga ausencia. Pero las dos habían entendido que Roger no iría Hamley Hall hasta la semana siguiente, y por tanto, aquella tarde, no había necesidad de quedarse en casa.
