Hijas y esposas
Hijas y esposas —Mire, Gibson, somos viejos amigos, y serÃa usted un necio si se ofendiera por lo que le he dicho. Su esposa y yo no hicimos buenas migas la única vez que nos vimos. No diré que se comportara como una tonta, pero uno de los dos se comportó como un tonto, y no fui yo. Sin embargo, pasemos eso por alto. Suponga que la trae un dÃa de éstos, y a esa chica, Cynthia (que, para empezar ya es un nombre extranjero, y eso no me gusta), y a la pequeña Molly, y comen aquÃ. Me siento más cómodo en mi propia casa, y seguro que seré más educado. No hace falta ni que nombremos a Roger (ni la muchacha ni yo), y usted procura que su mujer no se vaya de la lengua, si puede. Sólo será un pequeño agasajo, con motivo de su boda, ya sabe… nadie tiene por qué pensar otra cosa. Recuerde, nada de aludir ni nombrar a Roger, ni esta locura. Entonces veré a la chica, y podré juzgar por mà mismo; pues, como usted ha dicho, eso es lo mejor. También estará Osborne; y él está en su elemento cuando hay que hablar con mujeres. A veces pienso que es medio mujer, pues gasta tanto y es tan poco razonable.