Hijas y esposas
Hijas y esposas Molly no gozaba de buena salud, y quizá por eso era un poco fantasiosa; y en sus sueños y pensamientos aparecía a menudo Roger, enfermo, sin que nadie le atendiera, en aquellas tierras salvajes. Y la constante plegaria de Molly era: «Por favor, mi señor, que le den al niño vivo y no lo matéis», y le salía del corazón con la misma sinceridad con que salió de la angustiada madre en el juicio del rey Salomón[56]. «Que viva, que viva aunque jamás yo vuelva a verle. ¡Señor, ten piedad de su padre! Que pueda volver a ver a su hijo sano y salvo, y que viva feliz con la mujer a quien tanto ama… tanto. Oh, Dios». Ya continuación se echaba a llorar, y se quedaba dormida entre sollozos.