Hijas y esposas
Hijas y esposas Molly Gibson veía todo eso, pero lo único que pensaba era: «¡Oh! ¡Qué hermoso día hará hoy! Tenía miedo de que nunca, nunca llegara; y de que, si llegaba, se pusiera a llover». Cuarenta y cinco años antes, las diversiones de los niños en una localidad rural eran muy sencillas, y Molly había vivido doce años sin que le ocurriera ningún acontecimiento tan importante como el que está a punto de suceder. ¡Pobre niña! Cierto que había perdido a su madre, lo que constituyó un duro golpe para el desarrollo de su vida, pero eso no era nada en comparación con el objeto de su impaciencia; además, cuando falleció su madre, ella era demasiado pequeña para ser consciente de lo que había sucedido. Y lo que aquel día esperaba con tanta ansia era su primera participación en una suerte de festival anual que se celebraba en Hollingford.
