Hijas y esposas
Hijas y esposas EL otoño trajo lo que es costumbre: la dorada cosecha de maíz, los paseos por los rastrojos, las excursiones por los bosques de avellanos en busca de frutos; los manzanos se vieron despojados de sus frutos, entre los gritos de alegría de los niños que los miraban; y, a medida que se acortaban los días, el ocaso se teñía de un precioso color tulipán. Reinaba cierto silencio en la tierra, que apenas quebraban lejanos disparos y el aleteo de las perdices al emprender el vuelo.
