Hijas y esposas
Hijas y esposas —MI querida Molly, ¿por qué no has venido a cenar con nosotras? Le dije a mi hermana que vendrÃa a darte una buena regañina. Oh, señor Osborne Hamley, ¿es usted? —La expresión que habÃa en la cara de la señorita Phoebe indicaba muy a las claras que estaba malinterpretando aquel tête-à -tête que acababa de interrumpir; Molly reparó en la mirada cómplice de Osborne, y los dos sonrieron—. Estoy segura de que… ¡Bueno! Hay veces en que una… Ya veo que nuestra cena habrÃa sido… —Por fin consiguió formar una frase coherente—. Nos acabamos de enterar de que la señora Gibson ha tomado un simón en el George, pues nuestra hermana envió a Nancy a pagar un par de conejos que Tom Ostler habÃa cazado con lazo (espero que no nos tome por cazadores furtivos, señor Osborne; creo que no se necesita permiso para cazar con lazo, ¿verdad?), y oyó que Tom habÃa ido con el simón a las Towers en compañÃa de tu mamá; pues Coxe, que normalmente es quien conduce el simón, se ha torcido un tobillo. HabÃamos acabado de cenar, pero cuando Nancy dijo que Tom Ostler no estarÃa de vuelta hasta la noche, yo dije: «Bueno, y esa pobre chica está sola en casa, y su madre era tan buena amiga nuestra»… cuando vivÃa, quiero decir. Pero me alegro de haberme equivocado. Osborne dijo:
