Hijas y esposas

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XLVI

—MI querida Molly, ¿por qué no has venido a cenar con nosotras? Le dije a mi hermana que vendría a darte una buena regañina. Oh, señor Osborne Hamley, ¿es usted? —La expresión que había en la cara de la señorita Phoebe indicaba muy a las claras que estaba malinterpretando aquel tête-à-tête que acababa de interrumpir; Molly reparó en la mirada cómplice de Osborne, y los dos sonrieron—. Estoy segura de que… ¡Bueno! Hay veces en que una… Ya veo que nuestra cena habría sido… —Por fin consiguió formar una frase coherente—. Nos acabamos de enterar de que la señora Gibson ha tomado un simón en el George, pues nuestra hermana envió a Nancy a pagar un par de conejos que Tom Ostler había cazado con lazo (espero que no nos tome por cazadores furtivos, señor Osborne; creo que no se necesita permiso para cazar con lazo, ¿verdad?), y oyó que Tom había ido con el simón a las Towers en compañía de tu mamá; pues Coxe, que normalmente es quien conduce el simón, se ha torcido un tobillo. Habíamos acabado de cenar, pero cuando Nancy dijo que Tom Ostler no estaría de vuelta hasta la noche, yo dije: «Bueno, y esa pobre chica está sola en casa, y su madre era tan buena amiga nuestra»… cuando vivía, quiero decir. Pero me alegro de haberme equivocado. Osborne dijo:


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