La casa del paramo

La casa del paramo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Cuando Nancy volvió a la cocina, la señora Browne pidió a Maggie que la acompañara al piso de arriba para echar una ojeada a la ropa que necesitaría Edward. Y, una vez allí, se probó el vestido de satén negro con el que en otro tiempo iba de visita, y con el que pensaba reemplazar al viejo y desgastado de bombasí el día que pasaría en Combehurst.

—Porque la señora Buxton es una verdadera dama —explicó—, y me gustaría ir elegante en su honor.

—No sabía que hubiera una señora Buxton —dijo Maggie—. Nunca va a la iglesia.

—No; su salud es muy delicada y jamás sale de casa. Dice la doncella que está siempre en su alcoba.

Aquella semana, la familia Buxton fue sin duda la piéce de résistance[3] de las conversaciones entre la señora Browne y sus hijos. La visita empezó a asustar de tal modo a Maggie que, cuanto más se acercaba el día, menos deseaba ir. A Edward le infundía seguridad la idea de estrenar un traje nuevo, encargado para la ocasión y que después le serviría para el colegio. La señora Browne recordaba que el párroco había dicho: «No hay mujer más elegante que la que va de satén negro», y este comentario la animaba mucho; aunque, cuando veía lo gastados que estaban los codos, se sentía bastante abatida y temía no estar a la altura de las circunstancias. Pero estaba dispuesta a hacer lo que fuera por el bien de sus hijos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker