La prima Phillis
La prima Phillis —Pero ¿qué es esto? Hay dos tarjetas con su nombre, y no hay nada escrito en ellas. No… su nombre sólo está en una… Y en la otra… ¡SEÑORA Holdsworth! Nuestro joven amigo se ha casado.
Levanté los ojos. No pude evitar mirar a Phillis. Tuve la sensación de que habÃa estado pendiente de mà todo el tiempo. Su rostro estaba ruboroso, y sus ojos, secos y brillantes, pero no decÃa nada: apretaba con fuerza los labios como si quisiera evitar que se le escaparan las palabras. El semblante de la prima Holman expresó sorpresa e interés.
—¡Caramba! —dijo—. ¿Quién iba a imaginarlo? La verdad es que se ha dado prisa en encontrar novia y casarse. Ojalá sea muy feliz. Dejadme ver —empezó a contar con los dedos—, octubre, noviembre, diciembre, enero, febrero, marzo, abril, mayo, junio, julio… porque ya estamos a veintiocho. Hace casi diez meses, dÃa más, dÃa menos…
—¿SabÃas algo de esto? —preguntó el pastor, volviéndose bruscamente hacia mÃ, sorprendido por mi silencio pero sin el menor recelo.
—Bueno… algo habÃa oÃdo. La novia es una joven francocanadiense —respondÃ, forzándome a hablar—. Su apellido es Ventadour.
—Lucille Ventadour —dijo Phillis, con voz aguda y un tanto destemplada.