La prima Phillis
La prima Phillis Cuando se acercaba la Navidad, mi querido padre vino a verme y a consultar al señor Holdsworth sobre un invento que desde entonces se conoce como «la rueda motriz de Manning». El señor Holdsworth, creo haber dicho ya, sentía un gran respeto por mi padre, que trabajaba en el mismo gran taller de maquinaria donde él había hecho su aprendizaje; y los dos se reían muchísimo de uno de aquellos caballeros-aprendices que, para no estropearse las manos, acometía el trabajo de herrería con guantes de gamuza. El señor Holdsworth me decía a menudo que mi padre tenía el mismo genio para los inventos mecánicos que George Stephenson[10], y ahora mi padre venía a pedirle opinión sobre ciertas mejoras, y a proponerle que fuera su socio. Fue un placer para mí ver lo mucho que se respetaban mutuamente. El señor Holdsworth: joven, apuesto, inteligente, bien vestido, objeto de admiración de toda la juventud de Eltham; mi padre: indumentaria de los domingos decente pero anticuada, rostro sensato y poco atractivo —surcado de las arrugas de innúmeros esfuerzos y cavilaciones—, manos ennegrecidas —más allá de la acción del agua y jabón— por los años pasados en la fundición, fuerte acento del norte (el señor Holdsworth, como muchos sureños, hablaba arrastrando las palabras, por lo que en Eltham decían que se daba aires).