Los amores de Sylvia
Los amores de Sylvia Cuando el grupo se daba media vuelta para salir de la tienda, descubrieron a Philip, y se acercaron a estrecharle la mano por encima del mostrador; también Kinraid le ofreció la suya. La noche anterior Philip habría considerado imposible que tal demostración de camaradería ocurriera entre ellos; y quizá hubo algo de vacilación por su parte, pues alguna idea o recuerdo que cruzó la mente de Kinraid provocó una mirada escrutadora en aquellos ojos que por un momento estaban clavados en la cara de Philip. A pesar de sí mismo, y durante la mismísima acción de estrecharse la mano, Philip sintió cómo se le ensombrecía el gesto, no porque se alteraran o movieran sus rasgos, sino porque la luz y la paz desaparecían de su semblante.
Molly Brunton comenzó a decir algo, y Philip con mucho gusto se volvió para mirarla. Le preguntó por qué se había ido tan temprano la noche anterior, pues la jarana había seguido hasta cuatro horas después de que se marchara, y al final, añadió (volviéndose hacia Kinraid), su primo Charley había bailado una danza de marineros entre las fuentes colocadas en el suelo.