Los amores de Sylvia
Los amores de Sylvia El amor que Philip sentía por Sylvia le hacía obrar con tacto. Averiguó, al parecer, que para complacer a las mujeres de la casa debía prestarle al hombre toda la atención posible; y aunque en comparación no solía pensar mucho en Daniel, aquel otoño no dejaba de pensar en qué hacer para contentarle. Cuando hacía o decía cualquier cosa para complacer al granjero, Sylvia sonreía y era amable. Todo lo que hacía hallaba la aprobación de su tía; pero incluso ella estaba extraordinariamente alegre cuando veía a su marido satisfecho. Sin embargo, el avance de Philip era muy lento; y a menudo se iba a dormir suspirando las palabras: «Siete años, y quizá siete años más». Y entonces, en sueños, volvía a ver a Kinraid, a veces luchando y a veces navegando hacia tierra, la única persona a bordo de un barco que avanzaba velozmente, solo en cubierta, adusto y vengativo; hasta que Philip despertaba en medio de un terror lleno de remordimientos.