Los amores de Sylvia
Los amores de Sylvia 33
UNA APARICIÓN
La señora Robson pasó muy mala noche. Desagradables pensamientos la acecharon y desconcertaron, y ni dormía ni estaba despierta, sino que hablaba y se movía presa de una gran agitación.
Sylvia se echó junto a ella, pero no durmió mucho, y al final prefirió sentarse en la butaca que había junto a la cama. Allí se quedó traspuesta sin querer; la escena de la noche anterior parecía repetirse; los gritos de numerosas personas, el poderoso rugido y embate de las olas amenazantes, se reiteraba en sus oídos; y algo le decían a través de todos esos ruidos en conflicto, pero no podía entender lo que era, aunque se esforzaba por escuchar el ronco murmullo que, en su sueño, parecía transmitirle un significado que le era de enorme importancia.
Ese sueño, ese sonido misterioso e inteligible solo a medias, le regresaba cada vez que se dormía, y lo que más la preocupaba era no poder oír las palabras que le decían, hasta que al final se quedó sentada muy erguida, decidida a no cerrar más los ojos. Su madre hablaba, medio inconsciente; era evidente que las palabras de Philip de la noche anterior seguían rondando por su cabeza.
