Mary Barton
Mary Barton Y su mirada se alegró cuando, a lo lejos, entre un grupo de chicas, vio a su única hija, una guapa mocita de unos trece años, que corrió al encuentro de su padre para saludarlo: entonces se vio que aquel hombre tan serio era tierno en el fondo. Los dos hombres habían saltado la última escalera, mientras Mary se rezagaba cogiendo unos capullos de espino, cuando un muchacho mayor pasó corriendo y le robó un beso al tiempo que exclamaba:
—¡Por los viejos tiempos, Mary!
—Pues aquí tienes esto por los viejos tiempos —dijo la joven ruborizándose hasta la raíz del cabello de rabia y vergüenza y dándole una bofetada.
Al oír su voz, su padre y su amigo se dieron la vuelta y vieron que el agresor resultó ser el primogénito de este último, que era dieciocho años mayor que sus hermanos.
—Vamos, niños, dejaos de besos y peleas y coged cada uno a un bebé, que si Wilson tiene los brazos como yo debe de estar muy cansado.
Mary se adelantó para aliviar la carga de su padre, con el cariño que sienten las niñas por los bebés y como si intuyera el acontecimiento que pronto tendría lugar en su casa; entretanto el joven Wilson dio la impresión de dar rienda suelta a su naturaleza tosca y retozona mientras arrullaba a su hermano pequeño y jugaba con él.