Mary Barton
Mary Barton ¡Polly, pon agua al fuego
y tomemos el té!,
Polly, pon agua al fuego
y todos tomaremos el té[5].
—Ya estamos aquÃ, mujer, ¿creÃas que nos habÃamos perdido? —dijo con cordialidad Wilson, mientras las dos mujeres se incorporaban y se sacudÃan los vestidos preparándose para volver a casa. La señora Barton se sentÃa evidentemente aliviada, aunque no más animada, tras haber confiado sus temores y pensamientos a su amiga, y secundó con una mirada la propuesta de su marido de que fueran todos a tomar el té en casa de los Barton. Solo la señora Wilson ofreció una leve resistencia por lo avanzado de la hora a la que tendrÃan que volver, que le preocupaba por los pequeños.
—Calla, mujer —dijo de buen humor su marido—, ¿no sabes que esos mocosos nunca se duermen hasta pasadas las diez? ¿Y acaso no tienes un chal bajo el que meter la cabeza del niño para que esté tan protegido como un pájaro bajo el ala? En cuanto al otro, me lo meteré en el bolsillo con tal de que nos quedemos, ahora que estamos tan lejos de Ancoats.
—Yo puedo prestarle otro chal —sugirió la señora Barton.
—SÃ, cualquier cosa con tal de que nos quedemos.
