Mary Barton
Mary Barton La sirena sobre las rocas sentada
el día entero pasaba,
admiraba su belleza, peinaba sus rizos
y una canción entonaba.
Y, si la canción de la sirena alguna vez oyeses,
ten por seguro
que el sol hasta el último confín seguirías
y con él en el mar te hundirías.
W.S. LANDOR[52]
Unos cuatro o cinco días después de los acontecimientos narrados en el anterior capítulo, una tarde en que Mary miraba soñolienta por la ventana, vio a Will Wilson entrar en la plazuela y dirigirse rápidamente a su puerta. Se alegró de verle, pues siempre se habían llevado muy bien, aunque tal vez se pareciese demasiado a ella para que llegasen a ser algo más que amigos. Le abrió la puerta dispuesta a recibir un franco saludo y a devolvérselo con idéntica franqueza.
—Vamos, Mary, coge el gorro y el chal y cualquier otro aparejo que las mujeres necesitéis para salir de casa. Me han enviado a buscarte y cuando cumplo órdenes no me gusta perder el tiempo.
—¿Adónde me llevas? —preguntó Mary, a quien le dio un vuelco el corazón solo de pensar en quién podía estar esperándola.
