Mary Barton
Mary Barton Por supuesto, de lo primero que hablaron, por mucho que les preocuparan otras cuestiones, fue del tiempo. Tras pagar su tributo a los chubascos y momentos soleados de la semana anterior, empezaron a tratar el asunto que les había llevado allí. Debía de haber unos veinte caballeros en el salón, entre ellos algunos invitados por cortesía que, aunque no estuviesen directamente implicados, habían mostrado interés en asistir. Estaban divididos en corrillos que no parecían precisamente unánimes. Unos estaban a favor de hacer pequeñas concesiones, un caramelo para acallar al niño travieso, un sacrificio por la paz y la tranquilidad. Otros se oponían enérgicamente a establecer el peligroso precedente de ceder lo más mínimo ante las amenazas. En su opinión, eso equivalía a dar a entender a los obreros cuál era su poder. En su próxima petición descabellada sabrían que el modo de conseguir su propósito era la huelga. Además, uno o dos de los presentes acababan de volver de los juzgados de la cárcel de New Bailey, donde habían juzgado a un huelguista por asaltar a uno de los pobres tejedores del norte que había ido a Manchester para trabajar por un salario bajo. Estaban indignados, y con razón, por la crueldad con que habían tratado a aquel pobre hombre; y su indignación adoptaba (como ocurre a menudo) la forma de la venganza. Tenían la sensación de que, más que ceder ante quienes habían recurrido a métodos tan brutales contra sus compañeros, a los patronos les convenía renunciar a los beneficios de aquel pedido y dejar que los obreros sufrieran las consecuencias. Olvidaban que los huelguistas estaban convencidos de que la huelga era consecuencia de un hambre y una necesidad injustas; pues, por muy absurdas y faltas de razón que pudieran ser sus exigencias, eso era lo que creían y ahí radicaba la causa de su violencia. Es una gran verdad que no se puede combatir la violencia con la violencia. Se puede acallar durante un tiempo, pero, mientras te felicitas por tu victoria, ¡volverá multiplicada por siete!