Mary Barton
Mary Barton Triste es decir adiós
aunque solo nos separemos unas horas;
¿quién sabe qué ocurrirá
durante esa ausencia que nos rompa el corazón?
ANÓNIMO
Los sucesos narrados en el capÃtulo anterior ocurrieron un martes. El jueves por la tarde, Mary estaba dedicada a sus ocupaciones domésticas cuando la sorprendió la llegada de Will Wilson. TenÃa un gesto extraño, o al menos lo parecÃa, como siempre que habÃa en su rostro una expresión que no fuese de radiante alegrÃa. Llevaba en la mano un paquete envuelto en papel de estraza. Entró y se sentó más silencioso de lo habitual.
—¡Caramba, Will! ¿Qué te ocurre? Pareces preocupado.
—¡Y lo estoy, Mary! He venido a despedirme y a nadie le gusta despedirse de sus allegados.
—¡A despedirte! ¡Madre de Dios! Will, qué inesperado, ¿no? —Mary dejó de planchar y se acercó a la chimenea. Siempre le habÃa caÃdo simpático Will, pero ahora era como si un resorte de amor fraterno se disparara en su corazón por la tristeza ante su inminente partida—. Ha sido muy inesperado, ¿no? —repitió.
