Mary Barton
Mary Barton Mas cuando llegó la mañana tétrica,
sombrÃa, lluviosa y frÃa,
sus plácidos párpados se cerraron… Disfrutó
de una aurora más bella que nosotros.
HOOD[6]
En mitad de esa misma noche, una de las vecinas de los Barton despertó de su bien merecido descanso por culpa de unos golpes en la puerta que al principio formaron parte de su sueño, aunque luego concluyó que eran reales y se levantó de la cama de un salto, abrió la ventana y preguntó quién andaba ahÃ.
—Soy yo, John Barton —respondió con voz trémula y agitada el que habÃa abajo—. Mi mujer se ha puesto de parto, por el amor de Dios, quédese un rato con ella mientras voy a buscar al médico porque se encuentra muy mal.
Mientras la mujer se vestÃa a toda prisa, oyó por la ventana abierta los gritos de agonÃa que resonaban en la plazuela a través del silencio nocturno. En menos de cinco minutos se plantó en la cabecera de la cama de la señora Barton y relevó a la aterrorizada Mary, que hizo lo que le dijeron como una autómata, sin lágrimas en los ojos, con el rostro tranquilo, aunque mortalmente pálido y sin otro ruido que el nervioso castañeteo de los dientes.
Los gritos empeoraron.
