Mary Barton
Mary Barton ¿Dependerá pues de mi mala vista
y de esta mano trémula que el cascarón
en que viajan mi amor y las esperanzas que atesoro
logre pasar entre esas rocas ceñudas
hasta dar con un buen puerto donde encuentre paz y refugio
o se estrelle ciegamente contra ellas
y se vaya a pique? ¡Dios me ayude,
aguce mi vista y temple mi mano temblorosa!
The Constant Woman
Con el corazón latiéndole a toda prisa y la cabeza llena de ideas que requerían tiempo y soledad para ponerlas en orden, Mary volvió rápidamente a casa. Era como quien encuentra una joya cuyo valor no sabe calcular, pero esconde su tesoro hasta poder meditar con tranquilidad las posibilidades que el hallazgo abre ante sus ojos. Igual que quien descubre el camino que conduce a la morada de todos los placeres[88] y, seguro del poder que tiene al alcance de la mano, decide esperar un rato antes de adentrarse en el laberinto.
