Mary Barton
Mary Barton El lunes: eso era pasado mañana, y el martes, la vida y la muerte se convertirÃan en terribles realidades para su enamorado; o la muerte serÃa una certeza para su padre.
No es de extrañar que Job repasara los detalles:
—Recuerda, el lunes a las dos en punto; aquà tienes su tarjeta: señor Bridgenorth, 41 de Renshaw Street, Liverpool. Se alojará allÃ.
Job se calló y el silencio empujó a Mary a darle las gracias.
—Es usted muy bueno, Job, mucho. Pase lo que pase, Margaret y usted no me dejarán de lado.
—Vamos, vamos, niña, no te desanimes ahora que empiezo a animarme yo. Ese hombre parece conceder mucha importancia al testimonio de Will. ¿Estáis seguras de no haberos equivocado?
—Sà —dijo Mary—, Will se marchó con la intención de ir a ver a su tÃo en la isla de Man y regresar el domingo por la noche porque el barco zarpa el martes.
—Yo también lo estoy —dijo Margaret—. El barco era el John Cropper y Will se alojaba donde le he dicho a Mary. ¿Lo has apuntado?
Mary anotó las señas en la parte de atrás de la tarjeta del señor Bridgenorth.