Mary Barton
Mary Barton ¡Ay, qué triste y solemne es la temblorosa vigilia
de quienes cuentan las lentas horas
velando el sueño febril de alguien a quien aman!
Qué terrible preguntarse con un sobresalto
al contemplar a medianoche la forma pálida e inmóvil:
¿es el sueño… o la muerte?
ANÓNIMO
A Mary la embargaban tantos pensamientos dolorosos que no podía tener paciencia cuando estaba sola; la casa entera estaba poblada de recuerdos y presagios.
Tras cumplir, hasta donde estaba en su mano, con sus obligaciones con Jem, y extender un negro velo sobre la vida pasada, presente y futura de su padre sin que se le ocurriera ningún servicio filial que prestarle, su imaginación buscó de manera inconsciente algo en lo que ocuparse. Cualquier cosa antes que tener tiempo de pensar.
