Mary Barton
Mary Barton ¡Mira el muelle!
Escucha el estruendo en la calle fangosa,
obstaculizada por las mercancÃas del barco
cuya carga está desperdigada por doquier,
paquetes, fardos, maletas y baúles;
mientras el bullicioso marinero y el airado rústico
discuten y aúllan al viento.
CRABBE[98]
Mary entró vacilante en la casa. La señora Jones la acomodó con ternura en una silla y se quedó perpleja a su lado.
—¡Ay, padre, padre! —murmuró la joven—. ¿Qué es lo que has hecho? ¿Qué debo hacer yo? ¿Habrá de morir un inocente? ¿Es que aquel de quien temo… de quien temo que…? ¡Qué estoy diciendo! —dijo mirando asustada a su alrededor. La expresión del rostro de la señora Jones pareció tranquilizarla y añadió—: Me siento tan débil y tan indefensa… Al fin y al cabo, no soy más que una pobre chica. ¿Cómo saber lo que está bien? ¡Padre!, siempre has sido bueno conmigo… y has de ser tú quien… ¡Qué más da! ¡Qué más da! Todo se arreglará en la tumba.
—¡Ay, Dios mÃo —exclamó la señora Jones—, me parece que ha perdido la razón!
