Norte y sur
Norte y sur Cambiarse para el té
Que el caolín enriquecido con manchas de color,
vetas de azur y oro perfilado,
de la hoja indiana reciba el grato olor
o el perfume de los granos de moca al sol tostados.
SRA. BARBAULD[14]
Al día siguiente de este encuentro con Higgins y con su hija, el señor Hale entró en la sala de arriba a una hora insólita. Se acercó a distintos objetos de la estancia como si fuera a examinarlos, pero Margaret se dio cuenta de que era un truco nervioso: una forma de aplazar algo que deseaba pero temía decir. Al final lo soltó:
—¡Cariño! He invitado al señor Thornton a tomar el té esta noche.
La señora Hale estaba recostada en su sillón con los ojos cerrados y la expresión dolorida que se había hecho habitual en ella últimamente. Pero al oír a su esposo se incorporó y dijo quejumbrosa:
—¡El señor Thornton! ¡Y esta noche! ¿Puede saberse para qué quiere venir aquí el hombre? Y Dixon está lavando mis muselinas y encajes, y no hay agua blanda con estos horribles vientos del este que supongo que tendremos todo el año en Milton.
