Norte y sur
Norte y sur —Espere, por favor, paremos un momento aquà —dijo Margaret—. Ésas son las casas que me obsesionaron tanto las dos semanas de lluvia Me reprochaba no haberlas dibujado.
—Antes de que se derrumben y desaparezcan. La verdad es que si hay que dibujarlas, y son muy pintorescas, será mejor no dejarlo para el año que viene. Pero ¿dónde nos sentamos?
—¡TendrÃa que haber venido directamente del bufete del Temple en vez de haber pasado antes dos meses en las Tierras Altas! Mire ese precioso tronco que han dejado los leñadores justo en el lugar perfecto para la luz. Pondré encima el pañuelo y será un trono del bosque ideal.
—Con los pies en ese charco a modo de escabel regio. Espere, me apartaré y asà podrá acercarse más por aquÃ. ¿Quién vive en esas chozas?
—Las construyeron los colonos ilegales hace cincuenta o sesenta años. Una está deshabitada; los forestales van a derribarla en cuanto se muera el anciano que vive en la otra, ¡pobrecillo! Mire, ahà está. Tengo que ir a hablar con él. Está tan sordo que se enterará usted de todos nuestros secretos.