Norte y sur

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Capítulo IV

Dudas y dificultades

Arrójame a un desnudo litoral

donde sólo pueda seguir el rastro

de algún triste naufragio;

si estás tú allí, aunque ruja el mar,

no imploro mayor calma.

HABINGTON[5]

Él se había marchado. Cerraron la puerta al atardecer. Ya no había cielos azul intenso ni tonos rojos y ambarinos. Margaret subió a cambiarse para el té y encontró a Dixon bastante malhumorada por el trastorno que había ocasionado la visita en un día de tanto trabajo. Lo demostró cepillándole el cabello furiosamente, con el pretexto de que tenía mucha prisa para ir a atender a la señora Hale. A pesar de todo, Margaret tuvo que esperar un buen rato en la sala a que bajara su madre. Se sentó sola junto al fuego, de espalda a las velas apagadas sobre la mesa, y pensó cómo había transcurrido el día: había resultado muy satisfactorio el paseo, y hacer los bosquejos; la comida había sido agradable y animada; y el paseo por el jardín, desagradable y lamentable.


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