Ruth
Ruth PROBLEMAS PARA RUTH
Al dÃa siguiente el tiempo era espléndido, un «perfecto matrimonio entre cielo y tierra»[30], y todos salieron de la posada para disfrutar de la exuberante belleza de la naturaleza. Ruth ignoraba que era el centro de todas las miradas; iba de aquà para allá con paso rápido y ligero sin mirar nunca hacia puertas y ventanas desde donde muchas personas la examinaban, comentando su estado y su aspecto.
—Es ciertamente una criatura encantadora —dijo un caballero levantándose de la mesa del desayuno para echarle un vistazo, mientras ella regresaba de su paseo matutino—. No tendrá más de dieciséis años, imagino. ¡Y con ese vestido blanco parece tan humilde e inocente!
Su mujer, ocupada en atender las necesidades de un elegante chiquillo, se limitó a decir (sin haber visto los modales discretos de la joven y la expresión gentil y sumisa de su rostro):
—¡Bah! Es una vergüenza que a personas de este calibre se les consienta alojarse aquÃ. ¡Si pienso que una conducta tan inmoral se produce bajo nuestro mismo techo! Venga aquÃ, querido, no es digna de tanta atención.