Ruth
Ruth —¡Qué vergüenza, señorito! —dijo la niñera, aferrando su mano—. ¿Cómo se permite hacerle una cosa igual a la señora que ha sido tan amable con Sissy?
—¡No es una señora! —dijo indignado—. Es una muchacha infame… lo ha dicho mi mamá y no tiene porqué besar a la pequeña.
Al oÃr estas palabras, incluso la nodriza se sonrojó. Imaginaba lo que habÃa escuchado el niño, pero era del todo inoportuno relatarlo delante de la joven y elegante señora en cuestión.
—A los niños se les mete cada idea en la cabeza, señora —dijo finalmente, a modo de excusa a Ruth, que permanecÃa pálida e inmóvil, con un nuevo pensamiento que le atravesaba la mente.
—No es una idea; es la verdad, tata, se lo he escuchado decir incluso a usted. ¡Fuera mujerzuela! —dijo el jovencito a Ruth en un acceso infantil de rabia.